De nuevo noche solitaria,
me traes el recuerdo de mi amado,
y sólo la difusa imagen,
y los ecos que parten.
Las noches volverán a ser,
aquellas sombras que no quería ver,
aquellos gritos que desgarran almas,
es esta soledad,
que no esperé ver jamás.
El se fue sin remordimiento,
y yo, le liberé de este encantamiento,
sola y con mil lagrimas al viento,
me preparo para este largo,
casi eterno invierno.
Soñar es tan mal hábito,
porque el sueño y la ilusión,
te hacen terminar con algo muerto,
o quizá te hacen hasta perder la razón.
El silencio, compañero de la noche,
que solo los interrumpen los suspiros de recuerdos
que a duras penas emite el alma
mientras agoniza tu ausencia
y se pregunta ¿por que no estas? ¿por que no vuelves?
Sin alba quedan las cruces que vidas en el alma se quedaron silenciadas.
Se enrojeció el cielo y de tu canto muerto salieron todos los silencios de los penitentes vivos.
Manos dolidas y el olivar no quiso cerradle en rezo, marcó lluvia en marco de aceitunas y rogó un beso.
Embriagada tu muerte y la mía, te voy recordando por el camino de tu martaja.
Ayer vi morir el amor,
cuando caminaba en el frío atardecer que las lluvias de agosto reclamaban.
Vi morir el amor, cuando paseaba por aquellas calles de abrazos y le hacías falta a estos brazos ahora vacíos.
Vi morir el amor, cuando supe que estabas lejos y quizás ausente.
Vi morir el amor, cuando esa canción de los dos dejó de vibraba en mi pecho.
Vi morir al amor, cuando sentada junto al teléfono ansiaba una llamada que nunca llegaría o cuando el correo era ausente y quizás tardó.
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